Infraestructura
Boyacá se sube al tren del desarrollo
La renovación del corredor férreo entre Tuta y Belencito no solo moderniza la infraestructura: también moviliza empleo local, activa economías regionales y devuelve la esperanza a una región que nunca dejó de creer en el tren.
En el corazón del altiplano boyacense, donde los días transcurren entre montañas, trabajo y tradición, hay un sonido que sigue marcando el ritmo de la región: el del tren. Aunque el corredor férreo Bogotá-Belencito nunca dejó de operar, hoy se transforma con la renovación del tramo entre Tuta y Belencito.
No es solo infraestructura: es justicia territorial. En Boyacá, una región forjada por el trabajo, la historia y la resistencia, el tren representa más que logística: es la dignificación del esfuerzo colectivo y la concreción de oportunidades largamente esperadas.
Con esta obra también se fortalece el desarrollo de una región con vocación productiva y alto potencial logístico. “Modernizar este corredor férreo es reactivar oportunidades para miles de personas. Es abrirle camino a una Colombia más conectada, más competitiva e igualitaria”, afirma Juan Carlos Muñiz, presidente de Findeter.
Una inversión que moviliza sueños, empleo y comunidad
La renovación del corredor entre Tuta y Belencito trasciende lo técnico y lo financiero. En Tuta, Nobsa, Sogamoso y Belencito, las comunidades han encontrado en este proyecto una oportunidad para reconectarse con su historia y con nuevas posibilidades de desarrollo. En las calles hay movimiento. En los talleres, trabajo. Y en la comunidad, entusiasmo.
“Esta obra ha sido una oportunidad real para nosotros. En las reuniones con la comunidad se habló de priorizar la mano de obra local y eso se ha ido cumpliendo. Muchos vecinos han enviado sus hojas de vida, y varios ya están trabajando en el proyecto. En mi caso, tengo un pequeño negocio de alquiler de sanitarios portátiles y el consorcio nos tuvo en cuenta. Hoy somos parte de esta transformación, y eso dignifica el trabajo del pequeño empresario”, afirma José Luis Cristancho, ingeniero ambiental, agricultor y líder comunitario en Sogamoso.
El proyecto también ha abierto espacios de diálogo comunitario enfocados en sostenibilidad social. “En los comités de sostenibilidad hemos hablado de iniciativas que beneficien a madres cabeza de familia del sector. Esas ideas, si se materializan, van a dejar una huella mucho más grande que la infraestructura misma”, agrega Cristancho.
Obras que avanzan sin detener el servicio
La renovación contempla el cambio de rieles, clips, soldaduras y traviesas, con materiales que ya están siendo ensamblados a lo largo del trazado. Lo más destacado es que el tren no se detiene: la operación se mantiene activa mientras avanzan las obras. Este equilibrio entre renovación y continuidad refleja el compromiso con la eficiencia, el respeto por lo que ya funciona y la articulación con las dinámicas productivas de la región.
En Duitama, las antiguas bodegas de Sofasa, donde durante años se ensamblaron vehículos, hoy han sido reconvertidas en el centro logístico del renacer férreo. “En estas bodegas nacieron los sueños sobre ruedas de miles de familias colombianas. Hoy, aquí mismo, renace el sueño férreo de Colombia”, señala con emoción Jairo Arango Esquivia, jefe asesor de Presidencia en Findeter.
El tren como apuesta nacional para cerrar brechas
La renovación del corredor férreo Bogotá-Belencito forma parte de la estrategia del Gobierno Nacional para reactivar el transporte ferroviario como alternativa sostenible, equitativa y eficiente. Desde el Ministerio de Transporte, se ha impulsado una visión en la que el tren deje de ser una reliquia del pasado para convertirse en un motor del desarrollo logístico y regional del país.
“La renovación del corredor férreo Bogotá-Belencito, entre Paipa y Duitama, es mucho más que una obra de infraestructura: es un acto de justicia con una región que nunca dejó de creer en el tren. Estamos reactivando oportunidades, dignificando el trabajo local y conectando a Boyacá con el futuro que merece”, afirma la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas.
Una visión que también comparte la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), desde donde se lideran inversiones millonarias para reactivar el sistema férreo en el país. “El corazón de la reactivación férrea se encuentra en la región cundiboyacense. Hoy vuelve el tren gracias a las inversiones del Gobierno del Cambio, que impulsa una infraestructura ferroviaria eficiente, sostenible y capaz de conectar regiones, cerrar brechas y transformar vidas”, destaca el presidente de la ANI, Óscar Javier Torres Yarzagaray.
Se renueva el tren y, con él, los sueños de Boyacá: uniendo pasado, presente y futuro con esperanza y progreso.
Impacto estratégico
La capacidad de un tren equivale a retirar cientos de vehículos de carga de las carreteras del centro del país.
El corredor férreo fortalece una logística más eficiente y ambientalmente responsable para Boyacá y la región.
La reactivación del tren devuelve competitividad, esperanza y oportunidades a los territorios que crecieron alrededor de los rieles.
Un legado que se transforma en futuro
La historia del tren entre Bogotá y Belencito se remonta a mediados del siglo XX, cuando el auge industrial del país exigía un sistema de transporte eficiente para conectar la altiplanicie cundiboyacense con el centro del país. Durante décadas, esta vía férrea fue clave para el movimiento de carbón, cemento, acero y productos agrícolas, consolidándose como una arteria vital del desarrollo económico regional.
Con el paso del tiempo, el abandono progresivo del sistema férreo dejó cicatrices. Municipios que antes vibraban al paso del tren fueron quedando desconectados. Pero hoy, esa historia comienza a reescribirse desde lo local: con empleo, con participación comunitaria, con sentido de pertenencia.
Desde Findeter, el acompañamiento a esta obra ha estado marcado por el rigor técnico y la sensibilidad territorial, garantizando que el proyecto no solo avance en infraestructura, sino también en inclusión, desarrollo y sostenibilidad. El tren en Boyacá ya no es una ilusión romántica: es una apuesta concreta por un modelo logístico descentralizado y ambientalmente responsable.
Hoy, mientras se ensamblan los rieles, también se ensamblan voluntades. Cada golpe de martillo es una promesa que se cumple, porque el tren no es solo un medio de transporte: es una metáfora de lo que puede lograr un país cuando avanza hacia adelante sin olvidar sus raíces. Esta vez, los rieles no solo conectan destinos: también llevan esperanza, progreso y dignidad a miles de boyacenses.

